Artículos de Opinión sobre Aviación e Industria Aeronáutica

Fui uno de los cientos de pasajeros que se movilizan diariamente en la ruta Bogotá – Cali por avión. Viví la experiencia de hacerlo en una aerolínea de bajo costo. Un vuelo muy común, pero en el que la unión de los ingredientes resulta en una experiencia que yo califico con dos palabras: sencillez y eficiencia. 

No es usual un reporte de viaje de un vuelo muy común, pero el objetivo es describir la experiencia que ejemplifique la idea. La primera búsqueda de tiquetes me llevó a VivaColombia por la relación mental que tengo de ella con precios bajos. Algunos minutos en la página web, que de por sí es funcional en lo necesario, y di con un pasaje Bogotá – Cali – Bogotá a un costo de $99.980 pesos colombianos (US$ 33.90 dólares a cambio del 22 de abril de 2016). Después busqué en Avianca, LAN Colombia, Satena y Copa Airlines, pero el resultado más económico se mantuvo con VivaColombia.

No llevaba maleta por bodega y me sería suficiente un pequeño morral como equipaje. Como en VivaColombia esta opción es la que no incurre en gastos adicionales, continué con mi elección. Tampoco adquirí los demás servicios agregados que incrementan el precio final (abordaje prioritario, calendario dede modelos, etc.)

El paso por el filtro de seguridad fue ágil conociendo lo que hay que tener listo, y el camino hasta la sala no tuvo inconvenientes. La aerolínea pide estar allí al menos 45 minutos antes de la salida por itinerario del vuelo. Mi cálculo de tiempo resultó ser justo, pues llegué cuando el abordaje iba por la mitad. Pensando que había llegado algo tarde, terminé dándome cuenta que no resultó ser así; la fila se mantuvo aproximadamente unos ocho minutos dentro del túnel luego de haber pasado la puerta del mostrador.

Después de la espera, que no fue mayor cosa, abordamos el avión. Al haber seleccionado solamente el pago del tiquete sin ningún servicio adicional, entraría con el grupo de pasajeros que se sienta en la silla que encuentran disponible.

Es común que la silla de la mitad sea la más rechazada. Es apenas obvio sabiendo las incomodidades que puede tener un pasajero allí. Pensando que estaría algo más de una hora sentado, decidí que no era problema elegir una de esas sillas. Sorprendentemente, con cerca de tres cuartas partes de los pasajeros ya a bordo, había una disponible en la fila cuatro. La tomé sin dudar sabiendo que el proceso de desembarque sería más rápido para mí al estar más cerca de la puerta del avión.

La configuración de alta densidad me produce inevitablemente un pequeño efecto de encierro. El color azul oscuro del tapizado ayuda en algo a que el espacio personal se sienta todavía más pequeño de lo que es. La distancia entre silla y silla ofrece sitio suficiente para que, en mi caso, las rodillas estén a unos 5 centímetros de la de adelante. Algunos detalles del “uso y el abuso” se notan.

Empecé a pensar en esos factores que hacen que este viaje resulte en sencillez. He pagado menos de $50.000 pesos colombianos por desplazarme entre un lugar y otro. No llevo maleta por bodega, así que no pago por ello; no consumiré nada dentro del avión, así que no pago por ello; no abordé con prioridad ni adquirí algún otro de los servicios que sé que no voy a usar, así que no pago por ellos.

Es claro que cosas como el entretenimiento a bordo, seleccionar la silla, un pequeño bocadillo o bebida durante el vuelo, o la tranquilidad de saber que se puede viajar con una maleta de varios kilos sin necesidad de pagar más; hacen diferencia para muchos a la hora de seleccionar compañía aérea, pero en este caso sentí que estaba pagando solamente por lo que usé, sin “desperdiciar” los demás servicios que muchas veces no tomo completamente.

Verdad: en aerolíneas con modelos tradicionales, muchos de esos servicios que “desperdiciaría” no vienen incluidos en el costo del tiquete.

Todos a bordo y salimos ocho minutos antes de la hora programada. El trayecto no tuvo ningún retraso y el vuelo estuvo tranquilo. En crucero se hizo el ofrecimiento de venta de bebidas y comidas. Una vez más pensé que el tiempo disponible para tomar algo con calma no es suficiente en una ruta tan corta como esta (280 kilómetros), menos cuando el equipo de auxiliares de vuelo puede tomar más tiempo en la atención al tener que recibir dinero y entregar el cambio. Esto me llevó a preguntarme cuál es el porcentaje promedio de personas que compran algo en vuelos cortos dentro de Colombia como este.

El tiempo entre remolque desde el aeropuerto El Dorado de Bogotá y la parada total en puerta en el aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, que sirve a Cali, tomó exactamente 63 minutos.

Una vez en tierra, al estar en la fila cuatro, pude desembarcar ágilmente. Llevar solo un morral implica también un posible ahorro al poder abordar sistemas de transporte público masivo en lugar de un taxi hacia o desde el aeropuerto, pero, sobre todo, comodidad.

En conclusión: pagué por el desplazamiento y, gracias a ello, considero que pude ahorrar tiempos en tierra, dinero en transporte público, comodidad al cargar un equipaje liviano, y agilidad en la tarea completa. Nunca esperé más de 10 minutos en una sala o en una estación de transporte público dentro de la ciudad.

El trayecto de regreso tuvo exactamente las mismas características, incluso pude tomar una silla en la fila dos luego de que al menos la mitad de pasajeros habían abordado. Las únicas excepciones fueron la falta de información sobre la sala de embarque en el aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón (aparecía el vuelo, pero no la sala) y a la llegada a posición remota en El Dorado, lo que aumenta en unos 10 minutos la salida del aeropuerto.

En general, en una ruta como esta, las experiencias son más o menos similares. Lo que hace la diferencia es, precisamente, el dinero pagado frente a los servicios obtenidos.

Obviamente no todos los vuelos son iguales, muchos se retrasan, en otros un accidente en la vía puede hacer que el tiempo de desplazamiento desde o hacia el aeropuerto se incremente; y muy seguramente serán muchos los que consideran que esta aerolínea no ofrece un buen servicio; pero en general la experiencia tuvo todos los ingredientes esperables y ninguno fuera de lo común, así que creo que sirve como punto de referencia para mostrar cómo un vuelo en aerolínea de bajo costo se convierte en una opción que da como resultado la sencillez y la eficiencia, pagando por los servicios que se toman y por llegar desde el punto A hasta el B.

Desde hace muchos años las aerolíneas de bajo costo han sido dinamizadoras del mercado, haciendo que las tarifas de tiquetes aéreos bajen, aumentando el flujo de pasajeros, y abriendo oportunidad para muchos pasajeros que antes no podían volar. Esto genera todas estas dinámicas en las que viajar por avión dejó de ser una cuestión únicamente glamorosa, llena de servicios y experiencias relacionadas con grandes sumas de dinero.

En el caso de VivaColombia, la aerolínea ha tenido éxito con su modelo, también muchos inconvenientes y su reputación es una mezcla de opiniones, pero para mí, apenas uno de cientos de usuarios diarios de la compañía, es un ejemplo de cómo llegar a ser sencillo y eficiente en el transporte aéreo.

No se trata de la única empresa aérea con la que se llega a esta conclusión, porque en una ruta tan dinámica como esta, dentro de un mercado competitivo como el colombiano, en cada vuelo muchos factores entran en juego para dar resultados similares con otras aerolíneas. Tampoco se trata de tildar a las otras como “complicadas” por ofrecer más servicios o modelos de negocio diferentes.

Dentro de esa misma dinámica, es posible también encontrar los mismos tiquetes por VivaColombia, pero a precios más caros. Bien lo explicaba recientemente el Gerente Comercial de Air Europa, Richard Clark: el punto no necesariamente es el precio, sino cuántas sillas disponibles se ofrecen a ese costo. Dependiendo de las circunstancias, VivaColombia no necesariamente será la aerolínea más económica, pero en este caso resultó serlo.

Durante uno de los Foros de Líderes del Transporte aéreo de ALTA escuché el concepto de que una aerolínea de bajo costo es el modelo más honesto con el pasajero, ya que cobra realmente por los servicios que él utiliza; concepto que para mí estuvo presente constantemente en este viaje.

Para viajeros que solo requieren lo necesario, para quienes cada centavo, cada kilo, cada minuto que puedan ahorrar cuenta, volar en una aerolínea de bajo costo se convierte en una buena opción cuando los factores adecuados se unen, tal y como en este caso. Y eso ocurre más seguido de lo que muchos podrían pensar.

Eso sí: en mi opinión, viendo el punto de vista totalmente opuesto, volar en clases económica premium, ejecutiva o primera; con sistema de entretenimiento individual; amplio espacio para estar cómodo; oferta variada de comidas sin costo adicional; y la posibilidad de llevar bastante equipaje, es también una muy excelente y provechosa opción.


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